viernes, 19 de agosto de 2016

Un hombre enamorado de ti.

Capítulo Décimo Octavo


A SARA


“No puedo pedirte que te enamores de un extraño, eso es absurdo; pero, quiero pedirte que, al momento de entregar tu corazón, lo hagas a sabiendas de que quien está a tu lado, es un hombre que sabrá amarte y apreciarte por la mujer que eres.”

“Quiero pedirte, que te enamores de un hombre de verdad; uno, que te persiga con la mirada, como un león hambriento; y que, se pierda en el brillo de tus ojos, aún en la oscuridad. Enamórate de un hombre, para el cual tú seas la única mujer en este mundo; y, que sea capaz de construirte un castillo, aunque solo tenga un lápiz y papel.”

“No puedo pedirte que te enamores de un hombre que lo haga todo; sin embargo, te pido que te enamores de un hombre que esté dispuesto a hacerlo todo por ti.”

“Quiero que te enamores de un hombre con la suficiente hombría para cocinar por las noches, o cuándo estés cansada. Un hombre que pueda coser un botón de tu blusa favorita, para que puedas llegar a tiempo a esa reunión; y, por qué no, que te diga al oído que: todo estará bien.”

“Enamórate de un hombre que valore a Dios, a la familia y los amigos. Pues en la vida, necesitará de todos ellos. Y, si es un ladrón, procura que te robé solo algunos besos; pues, ya te habrá robado el corazón.”

“Quiero que te enamores de aquel que acaricie tu rostro y juegue con tu pelo, así sabrás que su mente está solo contigo. Cualquiera puede decir un “te amo”; pero, el amor se demuestra cada día, y en los pequeños: “te quiero”…”

“Quiero que te enamores de un hombre que procure llenarte de alegría; y que te haga sonreír, aún en tus días más difíciles. Enamórate de aquel hombre, que no se aproveché de ti, ni aún en tus momentos de vulnerabilidad. Un verdadero hombre te respetará, incluso, cuando tú no quieras.”

“Enamórate de un hombre que no haga alarde de los bienes que tiene; sino, que sepa apreciar y valorar todo aquello que ha vivido, las personas con las cuáles ha compartido y las experiencias que en la vida ha acumulado.”

“Enamórate de alguien a quien le guste cocinar y ejercitarse, así tendrás la excusa perfecta para comer tus caprichos; y luego, pasar el tiempo juntos: “quemando esas calorías”. Quiero que te enamores de un hombre que esté dispuesto a llevarte la contraria; y, que tenga un punto de vista distinto al tuyo. Así, en la salud, la distancia o la enfermedad, sabrás que siempre podrás contar con alguien que estará a tu lado: a pesar, de cualquier diferencia.”

“Enamórate de un hombre que te tenga presente a cada momento del día; y, que te llene la vida de detalles. Un hombre, que jamás te oculte lo que siente; y te diga, lo que necesitas saber. Quiero que te enamores de alguien que sepa escucharte, aún en el sórdido silencio del olvidó.”

“Enamórate de un hombre que sea libre, que sea tuyo; que te amé, y que se deje amar por ti. Enamórate de alguien que, aunque no sea yo, te haga feliz.”

“Al final, si aún no has comprendido, eres tan digna de este amor tan tuyo y tan mío, que aquél de quién te enamores sabrá, que: sólo un hombre de verdad, es digno de ti.”

“No te conformes con menos… Nunca bajes el listón de lo alto.”

“Te lo dice un hombre enamorado de ti, tu padre.”

domingo, 24 de julio de 2016

Estos ojos no lloran más por ti.

Capítulo Décimo Séptimo


Nos Sobran los motivos
Canción de Joaquín Sabina

Este adiós, no maquilla un "hasta luego",
este nunca, no esconde un "ojalá",
estas cenizas, no juegan con fuego,
este ciego, no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo
estas vísperas, son las de después.

A este ruido, tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón, podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos no lloran más por ti.

sábado, 26 de abril de 2014

No hay adultos, sólo niños envejecidos

Capítulo Décimo Sexto


Niños y adultos
Poema de José Emilio Pacheco


A los diez años creía
que la tierra era de los adultos.
Podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo,
ir a donde quisieran.
Sobre todo, aplastarnos con su poder indomable.

Ahora sé por larga experiencia el lugar común:
en realidad no hay adultos,
sólo niños envejecidos.

Quieren lo que no tienen:
el juguete del otro.
Sienten miedo de todo.
Obedecen siempre a alguien.
No disponen de su existencia.
Lloran por cualquier cosa.

Pero no son valientes como lo fueron a los diez años:
lo hacen de noche y en silencio y a solas.


viernes, 23 de septiembre de 2011

No te hieras en mí, que será inútil,

Capítulo Décimo Quinto

El pozo
Poema de Pablo Neruda

A veces te hundes, caes 
en tu agujero de silencio, 
en tu abismo de cólera orgullosa, 
y apenas puedes
volver, aún con jirones 
de lo que hallaste 
en la profundidad de tu existencia.

Amor mío, qué encuentras 
en tu pozo cerrado? 
Algas, ciénagas, rocas? 
Qué ves con ojos ciegos, 
rencorosa y herida?

Mi vida, no hallarás 
en el pozo en que caes
lo que yo guardo para ti en la altura:
un ramo de jazmines con rocío, 
un beso más profundo que tu abismo.

No me temas, no caigas
en tu rencor de nuevo.
Sacude la palabra mía que vino a herirte 
y déjala que vuele por la ventana abierta. 
Ella volverá a herirme
sin que tú la dirijas
puesto que fue cargada con un instante duro 
y ese instante será desarmado en mi pecho.

Sonríeme radiosa
si mi boca te hiere. 
No soy un pastor dulce 
como en los cuentos de hadas, 
sino un buen leñador que comparte contigo 
tierra, viento y espinas de los montes.

Ámame tú, sonríeme, 
ayúdame a ser bueno. 
No te hieras en mí, que será inútil, 
no me hieras a mi porque te hieres.

jueves, 28 de abril de 2011

Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

Capítulo Décimo Cuarto


Espero curarme de ti
Poema de Jaime Sabines

Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte, es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante.
En una semana se puede reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se le puede prender fuego.
Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor
están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral
y subversivo del que ama.
(Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: 
“qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”...
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho
“ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
Para dártelo.
Para que hagas con él lo que tú quieras:
guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. 
No sirve, es cierto. 
Sólo quiero una semana para entender las cosas. 
Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio
para entrar a un panteón.